domingo, 30 de junio de 2013
Lienzos de piedra: Arte gritado, trascendente en las urbes.
"Las paredes tienen oídos" es un refrán común que sugiere que alguien puede escuchar lo que se habla en "secreto"; por este tiempo yo diría que la frase que podemos acuñar como más acertada sería "las paredes hablan".
En el siglo XXI han surgido varias revoluciones, pero hay una que me atañe en este momento. Todo surgió con cierto descontento que me surgió luego de ver las paredes públicas y privadas garabateadas, manoseadas con lápices de "spray" y estarcidos con mensajes alusivos a una "crew" y sus alcances, otros hacia el descontento y otros un poco más o menos dicientes. Me preguntaba si lo que me molestaba era la contaminación visual, el irrespeto por el bien ajeno o el desparpajo de algunos por decir dos o tres futilidades. Hoy, después de revisar el intríngulis de mis emociones denigratorias finalmente he concluido que la piedra en el zapato se debe a que aunque sobra corazón, hace falta calidad, estética y respeto por el arte del graffiti, que en mi concepto, comienza por sus mismos protagonistas. El arte sencillamente es arte y tiene la altísima calidad de tocar nuestras fibras, comunicar más allá de un mensaje, te puede inducir, calmar, consolar y hasta transformar, y, partiendo de allí merece respeto, merece hacerse con altura.
Profundizando en el tema, encuentro que a diferencia de quienes lo elaboran de manera incipiente y vulgar, el graffiti se ha impuesto positivamente en el globo como una manera de comunicación importantísima y valiosa, se ha vuelto parte de la convivencia entre el individuo, la cultura, la sociedad, la política y el entorno, todo esto expresado en arte, arte que surge de las entrañas, "arte gritado", expuesto y maximizado con el ánimo no solo de decir, sino de transmitir, de despertar conciencias, de rescatar de la indiferencia a una generación que también globaliza sus enfermedades sociales. Es impactante y efusivo ver como los lienzos de piedra en medio de un callejón en Estambúl protagonizados por un artista brasilero están conectados con otros ubicados en un barrio oprimido del Cairo diseñados por un artista Alemán y con los graffos estampados en lo alto de las comunas de Medellín por un artista nacional. Me ha gustado asomarme y ver que hay artistas que luchan por hacer las cosas bien, con respeto por la estética y por su público, que son capaces de exponer sus ideas por románticas, etéreas, revolucionarias o excéntricas de la misma manera que lo haría un Bretón en sus escritos o un Kush en sus lienzos, es decir, desbordando el alma, abriendo su ser a toda una urbe, utilizando técnicas depuradas exigiéndose a sí mismos y a su público global la -según yo- infaltable mirada hacia la profunda influencia trascendente del arte en nuestras vidas.
Este tema no se puede concluir, todo lo contrario, hay que voltear la mirada hacia esta emergente generación de artistas que apuntan a generar cambios decisivos en la sociedad por un medio de expresión que cada vez está más lejos del menosprecio y adquiere adeptos pulcros y un público cada vez más impresionado e interesado en todo lo que el Graffiti tiene para dar.
Echemos un "vistazo" a los gritos que despiertan la conciencia social en iniciativas que propenden hacia el desarraigo del conformismo y la indiferencia frente a nuestras raíces, la justicia, la cultura y la objetivización del arte como elemento transformador de odiosas realidades. Hay que observar el trabajo de "nuestros" artistas, algunos de ellos: Bastardilla, Lili Cuca, Guache, Stinkfish, Toxicómano, Carlos Trilleras, Oveja Fucsia, Cacerolo, Julio Aristizabal... muchos más, además de la calidad expresada por varios colectivos en los lienzos de piedra de nuestra Colombia.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
