“Redes Sociales” es un nombre muy apropiado para definir las marañas, atascos y embrollos que envuelven las opiniones de alrededor de 1.000 millones de personas alrededordel globo, y en consecuencia de ello diariamente vemos miles de controversias sobre todo tipo de temas, pero lo que si representa un exacerbado detonante son los acontecimientos importantes relacionados con las personas públicas, especialmente sus equivocaciones y fallecimientos.
Por estos días la “moda” es sentirse el más patriota y literato a razón del fallecimiento del Nobel colombiano, Gabriel García Marquez, y como si fuera poco ya que en este país se peca bastante de desinformación y subjetivismo ahora le sumamos el conocido dicho “todo muerto es bueno” lo que ha gestado la hostigante y trasnochada controversia desatada durante ya varios días entre detractores y seguidores del escritor fallecido,con algunos exabruptos como el de la legisladora María Fernanda Cabal.
A pesar de no ser parte del grupo de los acérrimos fanáticos de Gabo, quienes defienden a ultranza su actuar e ideología midiéndolos con el mismo rasero que a su obra literaria, lo que me atañe en estas líneas es abogar por la objetividad que requieren los hechos y el respeto que merecen los familiares y amigos dolientes. Si bien es cierto que algunos reprobamos el hecho de que García Márquez no hizo gran cosa por Aracataca como su influencia cultural y política le permitían y que haya sido seguidor de ideas dictatoriales comunistas, también reconocemos la persecución, rechazo y exilio de los que fue víctima, aunque también es innegable admitir que cosechó bastante de lo que sembró; lo más relevante, creo yo, es el legado literario que dejó (para quienes gustan de sus obras) y el reconocimiento que le dio a Colombia por ser el único escritor colombiano ganador del Premio Nobel de Literatura.
Es absurdo leer como verdades a medias van y vienen juzgando y destruyendo la memoria de una persona que contó con reconocimiento internacional y observar como se lastima a sus dolientes en el proceso, siendo esto algo cruel e innecesario. Yo pienso que a las personas notables y admiradas se les deben hacer los reconocimientos en vida, se les debe honrar, respetar y ayudar de la misma manera que se les debe exigir, cuestionar y confrontar debido a que sus dones y privilegios demandan responsabilidades mayores para con su gente y su nación. Este no es tiempo de darle gracias a Gabo ni de recriminarle nada, cuando él ya no escucha ni está en facultad de modificar sus pasos.
¿Porqué no demostramos nuestros afectos cuando aún podemos alegrar el alma de las personas? ¿Por qué no cuestionamos y argumentamos cuando sabemos que la persona objeto de nuestras críticas y reclamos puede responder, defenderse y resarcir? ¿Por qué el estar en desacuerdo con una persona pública conlleva al menosprecio de su persona y al irrespeto hasta de su misma condición física (me refiero, por ejemplo a las burlas de mal gusto generadas a raíz de un accidente de incontinencia sufrido por el presidente de la república –de quien soy también detractora-)?
Tristemente la idiosincrasia con un actuar marcado por principios truncados y antivalores en donde se promueve la tolerancia en vez del respeto y rebeldía en vez de revolución es una de las fuertes causales de que Colombia siga sumido en este agónico tercermundismo; soy una convencida de que los paliativos para la enfermedad del “país de nadie” serían la objetividad enmarcada en la autocrítica y el reconocimiento de que se necesitan más personas que actuemos para transformarla realidad en vez de continuar maldiciendo a nuestra nación criticando a todos los actores de nuestra realidad social sin generar un impacto más allá que el desasosiego y la ira colectiva a la deriva que solo generan más caos.
Es tiempo de reconocer que nuestro paso por la vida es finito y en algunos casos más corto de lo que se espera. Es tiempo de ocuparnos de todo el desarrollo que podemos generar, de todas las injusticias que podemos evitar, de todos los desastes que podemos impedir, de todo y todos a quienes podemos proteger. Es tiempo de preocuparnos más por nuestro propio andar y el impacto que generamos en nuestra comunidad y en el planeta, es tiempo de construir las huellas que vamos a dejar a las generaciones venideras.
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